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Reflexión de los abuelos

19 Oct , 2017  

Hola a todos los que están visitando mi blog. A los viejos acompañantes que han seguido mi trayectoria, y a los nuevos que apenas están conociéndome. Les aseguro que no se sentirán defraudados, y cada recomendación que aquí se hace sirve para algo o para alguien. ¡Así que comencemos a hablar de la industria panadera y el impacto que en nuestras vidas tiene!

Mis abuelos —los viejitos más adorables y hermosos que han existido en este universo — nos dejaron a mi familia una maldición, un hábito que por más que he intentado, no he tenido la fuerza de voluntad para poder deshacerme de él. Mi familia y yo compartimos este problema, porque juro que ya lo tomo como un padecimiento, y es que no logramos poder iniciar o finalizar un día, sin tener una taza de café en las manos y un pan dulce en el plato.

industria-panadera

Simplemente, esta costumbre nos envuelve en una calidez impresionante, y no podemos parar. Puede ser desde galletas, hasta una dona de chocolate, o un elaborado brownie, o unas galletitas de animalito de dos pesos cada una. No importa qué nos pongas enfrente, con tal que sea suave y se pueda acompañar o remojar.

A mí me recuerda a esos domingos en casa de mis abuelos, que les llevábamos una charola enorme de pan, y sus ojos resplandecían de emoción. Era estar en fachas, dándole besos en sus arrugadas mejillas, mientras todos compartíamos un café y una agradable platica. Mínimo dos veces por semana hacíamos esto, y muchas otras las acompañábamos con fastuosas comidas, y una buena partida de domino con el abuelo, o largas horas de platica con la abuela.

Aparte de que amo el sabor del pan dulce, se trata más de todo lo que evoca para mí un solo bocado. Es un condicionamiento inconsciente el que en mí se creó, en donde pudo sentir la caricia de mis abuelos cada vez que olfateo el manjar que está delante de mí. Lamentablemente, ellos no están con nosotros, pero sus costumbres son cosas que jamás nos podrán abandonar.

Por eso no encontré mi fuerza de voluntad, porque en realidad no quiero dejar de chopear mi pan, con un buen chocolate o café. Agreguémosle un libro de Porrúa (esto en realidad es culpa de mi mamá, pero esa es otra historia), y ya tengo una tarde perfecta. Es increíble como son los pequeños detalles los que conforman la felicidad, puesto que la muerte deja un vacío que se debe llenar con lo que sea, ya que la añoranza es uno de los sentimientos más complicados que hay, y más dolorosos. Y ser atacada por éstos, hace que nos aferremos hasta a una pieza de pan. Por eso amo empresas como Bake-es, puesto que se encargan que este tipo de empresas tengan éxito.

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